
En una de sus reflexiones en su larga saga de "autobiografía, el recientemente fallecido ex-dirigente comunista, Volodia Teitelboim, destaca una característica a su juicio muy propia de los chilenos. Se trata de caer súbitamente en un estado de ensoñación que nos hace ver a todos los que acaban de morir como personas extraordinarias y de una consecuencia que no admite cuestionamientos.En suma venerar a los muertos viene a ser algo así como un deporte nacional.
Esa costumbre traspasa las clases sociales. Pocos se aventuran, llagada esa hora, a trazar un cuadro más o menos objetivo del difunto.
Ese rasgo del cual Volodia hace alusión en su obra, tuvo su máxima expresión precisamente tras su propia muerte. Ni siquiera Sebastián Piñera escapó a aquello que era políticamente correcto.
"Su consecuencia" es lo que todos destacan. ¿ Pero qué significa ser consecuente?. He estado reflexionando respecto a ello.
Un amigo que es entendido en estás cosas me dice que ello apunta a luchar por lo que uno cree. Aceptando esa aseveración tan amplia, Hitler fue consecuente, porque su apuesta se dirigía a construir una super raza que iba a ser lo mejor para la humanidad y colocó toda su energía para que ello ocurriera.
Pinochet, bajo esa acepción fue súper consecuente en su anticomunismo acérrimo.
Por eso tiene razón la señora Bachelet cuando alude a la consecuencia de Volodia Teitelboim. El problema es que ser consecuente o "tener consecuencia" es un concepto absolutamente amoral, neutro, carente de valores, de signo y por lo tanto por sí solo no aporta nada.
Volodia condenó y denunció desde Moscú los excesos cometidos por el gobierno militar chileno en la década de los '70. Pero más que hacerlo por la dignidad humana, lo hizo porque ese era la voz del Partido Comunista. Esto porque años antes, frente a peores atrocidades cometidas por los comunistas rusos, Volodia Teitelboim guardó un soberano silencio.
Porque si hay algo con lo que fue consecuente Volodia Teitelboim fue con el Partido Comunista y con toda la carga de lo que ello significa. Fue consecuente apoyando la invasión rusa durante los hechos conocidos como la Primavera de Praga donde murioeron decenas de miles de checoslovacos, mujeres, niños, víctimas inocentes. También lo fue con la arremetida soviética en Hungría. Y más tarde nada dijo acerca de la invasión rusa a Afganistán. No son pocos los que sostenían que Volodia era el más ortodoxos de los comunistas.
Al decir del columnista Carlos Peña, en reportajes del Domingo en El Mercurio:
"Volodia, como tantos de su generación, aplaudió a Stalin, cerró los ojos a la experiencia soviética, desconfió de la democracia liberal y, en cambio, creyó en la dictadura del proletariado. En suma, abrazó creencias que hoy se revelan erróneas. Como un personaje de Koestler (en "Oscuridad a mediodía") fue capaz de justificarlo todo por lo que juzgaba era el bienestar de la caravana humana. Fue un true believer: fiel a su compromiso comunista", señala Carlos Peña.
Me temo que es así. A tanto llegó su consecuencia que en aras de la "dignidad del partido comunista", ocultó durante años a su hijo, Claudio Bunster, la real paternidad de este último. Claro. El partido comunista no podía permitirse que a alguno de sus miembros le ocurriera una situación de esa naturaleza.
Al decir de los expertos, Volodia Teitelboim fue un notable literato. Habrá que creerles. Lo concreto es que fue un hombre con sus virtudes y sus defectos, con sus luces y sus sombras. Y cada uno de nosotros tomará una posición frente a ello de acuerdo a nuestros propios juicios y valores. Pero no santifiquemos...
Como lo señalé al comienzo, Volodia se reía de los aduladores de muertos en los velorios. Quizás por eso hasta me agradezca esta columna.
Sobre la invasión soviética a Checoslovaquia, pinchar aquí. La primavera de Praga...






















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