
En una de sus reflexiones en su larga saga de "autobiografía, el recientemente fallecido ex-dirigente comunista, Volodia Teitelboim, destaca una característica a su juicio muy propia de los chilenos. Se trata de caer súbitamente en un estado de ensoñación que nos hace ver a todos los que acaban de morir como personas extraordinarias y de una consecuencia que no admite cuestionamientos.En suma venerar a los muertos viene a ser algo así como un deporte nacional.
Esa costumbre traspasa las clases sociales. Pocos se aventuran, llagada esa hora, a trazar un cuadro más o menos objetivo del difunto.
Ese rasgo del
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